Los jóvenes que ni estudian, ni trabajan (NINI) son cerca de 30 millones (21% del total, según la CEPAL, 2016) en América Latina y de estos  21 millones son mujeres, es decir el 76%.  En Venezuela, según la encuesta ENJUVE (2013), son cerca de 1 millón, el 23% de los jóvenes entre 18 y 25 años.

Una de las características que destaca de esta población es su tendencia hacia el uso de redes y uso de teléfonos inteligentes, y si esto se contrasta con el hecho de que estamos en la emergencia de la 4ta Revolución Industrial ( robótica, nanotecnología, internet en la nube, etc), donde se requiere de nuevos lenguajes  y competencias necesarias para afrontar los desafíos tecnológicos, humanos y culturales, podríamos argüir que para una población que lee en formato digital se abren grandes oportunidades.

En este sentido,  y frente a los retos que se expresan en los Objetivos del  Desarrollo al 2030, el desarrollo de programas que den cabida a competencias digitales y tecnológicas orientadas al mercado de trabajo (Obj Nro 8)  para esta población de jóvenes podrían ser determinantes, sabemos que el sistema de educación superior en términos de tiempo y acceso está lejos de resolver el problema de exclusión de los NINIS, adicionalmente, la incorporación de esta población podría ser palanca de cambio y desarrollo, y su apalancamiento podría incidir en la reducción de la pobreza en forma drástica (Obj Nro 1), al considerar que de esta población de NINIS 76% son mujeres, y muchas de estas  madres, en este sentido el impacto es inmediato y determinante.  La CEPAL (ídem) insta a que la activación de al menos 40% de estos jóvenes podría  activar nuevos motores de crecimiento.

Estos jóvenes NINIS representan en forma exponencial a los nuevos pobres que se suman día a día en forma dramática en América Latina.  Es mucho lo que se puede hacer desde las instituciones educativas, desarrollando programas que apunten a esta población. La CEPAL (idem) señala que “…un 50% de las empresas formales en la región de ALC reportan que tienen problemas para cubrir sus puestos”, y también insta al desarrollo de políticas públicas orientadas a activar este sector.

No obstante, el desarrollo de programas de emprendimiento, de competencias técnicas, a la vez la vinculación con mercados de trabajo a través de alianzas entre empresas e instituciones de formación articuladas a espacios locales luce ser una estrategia desde la sociedad civil que podría potenciarse con políticas públicas locales para la activación de ecosistemas de emprendimiento que provean acceso a fuentes de financiamiento y mercados de trabajo. En Venezuela y en otros países de la región vemos la emergencia de iniciativas públicas y privadas, no obstante se requiere de una toma de conciencia sobre el compromiso del sector empresarial y educativo y su contribución de cara a los ODS 2030. El rol del sector empresarial es fundamental así como el de la sociedad civil, el tema de lo social y la contribución al desarrollo no es tarea exclusiva del sector público, ni de las Ongs, asistimos a la emergencia de nuevos sectores que apuntan al beneficio económico sin dejar a un lado el beneficio social y ambiental, de tal manera que incorporar a estos jóvenes en la ecuación de acceso a competencias bajo nuevas modalidades podría representar un salto cuántico para resolver el tema de la erradicación de la pobreza.

Dra. Sybil Caballero.

[1] https://www.cepal.org/es/comunicados/empoderar-al-40-jovenes-latinoamericanos-que-trabajan-empleos-formales-cursan-estudios

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