Desde hace varios lustros se está evidenciando en Chile una tendencia relativa a la curva de vida de la población muy similar a la ocurrente en Europa y en Japón. La tasa de natalidad disminuye mientras que la referente a los adultos mayores se incrementa. Esto es positivo en parte porque demuestra que las mejoras en la calidad de vida del chileno permiten un auge económico y mayor expectativa de vida. Eso sí, en detrimento de la unión de jóvenes parejas quienes escogen la búsqueda del desarrollo económico en lugar de la formación de una familia.

Este fenómeno tiene diversas consecuencias. Una de ellas afecta directamente el sistema educativo profesional, en donde el descenso de la juventud hará que disminuyan con el tiempo las demandas educativas en los niveles inferiores, medios y en carreras de pre grado, saturándose el mercado de gran cantidad de trabajadores y de profesionales especializados donde la competencia será feroz por demostrar quién está mejor capacitado para optar por un puesto de trabajo específico.

La falta de tiempo, el problema de los complicados desplazamientos y la escasez de espacios acordes para ofrecer una capacitación cabal, equilibrada y competitiva son puntos esenciales en casos como el que vive Chile hoy en día.

Y aquí es donde entran en escena los métodos, no convencionales, de educación a distancia.

Donde, tanto los nuevos profesores (facilitadores) como los estudiantes de esta modalidad adaptan su tiempo de formación y perfeccionamiento con sus tareas laborales y familiares.

Cifras del Ministerio de Educación de Chile indican un incremento muy importante en la matrícula de cursos virtuales en esta década, tanto en programas a distancia como en la modalidad semipresencial. Casi el 3% de la educación impartida en el país austral corresponde a tales sistemas. Pareciera un número pequeño, pero año a año la metodología on line gana terreno a la convencional.

Las mismas universidades tradicionales chilenas han adaptado una porción de sus opciones de estudio aplicando opciones tecnológicas a distancia acomodándose así a la exigencia de los nuevos tiempos y ya cerca del 5 % de los programas de pre-grado se ofrecen de forma virtual. A esto se adiciona la incalculable oferta on line de cursos de especialización y de crecimiento personal que se obtienen a costos mucho más asequibles que en modo presencial tanto en el propio Chile como en cualquier parte del mundo.

En Chile la educación a distancia no se ha solidificado todavía, pero está ganando espacio a medida que la necesidad y la coyuntura social van evolucionando. El creciente desarrollo tecnológico y la penetración del Internet en toda la masa social sitúan a la educación a distancia chilena en el inicio de una alfombra roja que guiará a la población ávida de conocimientos cada vez más a su empleo racional, responsable y masivo.

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